viernes, 1 de abril de 2011

Koralia, para desconectarse del mundo

Si estas cansado de los sitios turísticos que son más escandalosos y agitados que tu propia ciudad, y lo que quieres es desconectarte de todo, teniendo un tiempo completamente relajado, Koralia, en el Caribe colombiano, es el lugar indicado para tus próximas vacaciones. Este hotel ubicado al norte del parque Tayrona y dentro de la reserva de la sierra nevada de Santa Marta, cuenta con acceso a una amplia playa libre de vendedores y con suficiente espacio para sus visitantes, pues se encuentra rodeada de fincas bananeras, siendo poco concurrida.
Playa Koralia
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Para llegar a Koralia viajamos desde Bogotá hasta Santa Marta, y de ahí en adelante fue más o menos una hora y media en taxi, ya que se encuentra a 47 kilómetros de la ciudad. Si se viaja desde el exterior, habría que llegar desde Barranquilla o Cartagena, que tienen aeropuertos internacionales. La gente del hotel nos ayudó a coordinar el taxi, aunque se podría llegar al aeropuerto y conseguir uno.
Ubicación Playa Koralia
El hotel está formado por pequeñas cabañas, lo que le da un ambiente bastante campestre y relajado. Los baños de las habitaciones son al aire libre, algo chévere durante el día pero un poco incómodo en la noche, cuando llegan algunos bichos. Algo curioso es el restaurante que es al aire libre. No sirven carnes rojas, solo pescado y pollo. La comida es muy bien servida, pero le bajaría un poquito al curry, que después de unos días cansa.
 
Vistas interior y exterior de la habitación

Lo mejor del hotel es su tranquilidad, tiene capacidad máximo para 70 personas, pero en la semana que estuvimos, solo estábamos nosotros y otra pareja de paisas, entonces teníamos la playa prácticamente solo para nosotros. El mar pega un poquito duro, pero es bien pandito, entonces uno puede pasar la primera rompiente y estar relajado en el agua, tocando el piso.

La noche del lunes, cuando llegamos, había un perro que habían traído unas turistas gringas de algún lugar de la playa. Me puse a jugarle un rato y empezó a seguirnos todo el tiempo. Ya alguna gente del hotel pensaba que era de nosotros. No le dábamos nada, ni lo consentíamos porque estaba lleno de bichos, pero él seguía siendo nuestra fiel compañía, incluso se quedaba al frente de la habitación toda la noche. El miércoles nos fuimos a un paseo y cuando volvimos ya no estaba, la verdad lo extrañamos el resto del tiempo.

El pulgas (como lo bautice) acompañándonos a la playa y al frente de la habitación

El plan en Koralia es relajarse desconectándose de todo, por eso no hay un solo televisor y aunque entra señal del celular, yo prefería mantenerlo apagado. No entiendo como la gente viaja a un lugar así y sigue con su Black Berry prendido todo el tiempo, varias de las pocas personas que vimos lo usaban. Dentro del hotel hay un spa en el que hacen masajes y terapias de belleza. También ofrecen varias excursiones a diferentes lugares cercanos como el Tayrona, Quebrada Valencia y el río Don Diego. Solo fuimos a este último, porque ya habíamos estado en los otros dos.

Los cinco días que estuvimos fueron muy buenos, es rico poder alejarse de todo por un tiempo dedicándose solo a comer y descansar, en un lugar tranquilo. Por eso puedo recomendar este sitio a las personas que quieran y sepan disfrutar de la vida lenta. Si eres fanático de los planes agitados, este puede ser un buen destino solo por un par de días, aprovechando las excursiones que tienen.

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